29 de noviembre de 2011

Europa: "¿Qué pasará cuando los sacrificios no acaben con la crisis?"

Entrevista a Ignacio Ramonet (en 1997)



La mundialización financiera ha creado su propio Estado. Un poder sin sociedad. Este rol es ejercido por los mercados (...). Las sociedades realmente existentes son sociedades sin poder. Y todo esto no deja de agravarse". Este texto tiene 14 años. En diciembre de 1997, Le Monde Diplomatique publicaba el editoral del director de su versión en español, Ignacio Ramonet, Desarmad los mercados financieros. Una alerta que sería germen del movimiento Attac, hoy presente en 40 países, que lucha por la creación de una tasa a las transac-ciones financieras mundiales (inspirada en la Tasa Tobin) para ir echando "granos de arena" en el engranaje de la especulación.

14 años después, dos países del Viejo Continente han visto cómo sus gobiernos elegidos en las urnas eran sustituidos por unos gestores de quiebras mientras el resto atribuye al mercado decisiones y recortes. Podría decirse que Ramonet, que participó esta semana en el ForoBurgos organizado por Banca Cívica, acertó.

¿Se cae Europa?

Es un momento extremadamente delicado. Da la sensación de que no hay a la cabeza una generación política a la altura de la crisis apocalíptica que estamos viviendo. Y no nos hemos sorprendido lo suficiente de que, en los últimos meses, Alemania y Francia hayan asumido un poder que nadie les ha dado. Hemos leído: Rajoy habla con Merkel'. ¿Lo primero que hace el vencedor de unas elecciones con un resultado abrumador es llamar al jefe? No estamos en un Estado federal. España no es Dakota ni Berlín, Washington. Pero manda Merkel con Sarkozy de coartada.

Hay quien dice que Merkel asume el liderazgo porque no hay otro poder fuerte.

Si Merkel es quien está pilotando la crisis, el resultado es muy malo. Grecia va cada vez peor. Su PIB es el 3% de la zona del euro. Cuando estalló la crisis, se podía haber solucionado con un pequeño esfuerzo económico. Ahora, la gangrena ha subido. Austria y Francia tienen triple A (máxima calificación en su deuda) y las atacan. No se sabe si el euro será capaz de resistir. A Portugal se le ha impuesto una cura de caballo, se le ha impuesto la recesión y como resultado, le acaban de volver a bajar el rating. Esto no funciona.

¿Tampoco para Alemania?

Los alemanes se van a despertar dentro de poco constatando que la mayoría de los países europeos no compran. Y que ellos no exportan.

¿Por qué no lo ven?

No están a la altura. Están aplicando recortes de manual a situaciones que no se corresponden. Están alentando a los mercados a seguir ejerciendo presión. Los mercados están desbocados porque durante años ha habido una desregulación que les dejó hacer lo que querían. Los políticos prometieron cambiarla en el G-20. Sarkozy prometió la tasa a las transacciones. Pero los mercados no quieren y no se adopta.

¿A qué nos enfrentamos?

Si seguimos así, la primera amenaza es que no estamos seguros de que el euro vaya a resistir. Nadie puede afirmar que seguirá siendo lo que es dentro de tres meses o de un año. Mucha gente apuesta por que desaparecerá o quedará restringido al área de influencia de Alemania.

¿Europa se ha convertido en la primera ficha de un nuevo dominó?

La crisis de la deuda europea puede tener incidencia a escala global. Muchos se han olvidado, entre ellos Alemania, de que la globalización es la articulación de todos los mercados. Si la zona euro entra en congelación por la austeridad, no se potenciará el consumo. Ya hay en Europa 23 millones de desempleados cinco millones en España y 80 millones de pobres, personas que no consumen. El mundo funciona con dos motores, dos grandes centros de consumo: EEUU y la Unión Europea, ambos amenazados por la recesión. Si se paran, China va a fabricar menos. De hecho, el ritmo de crecimiento chino ya ha bajado. Si China deja de importar, dejará de comprar también materias primas, los minerales que compra a Perú y Chile y los productos agrícolas que compra a Brasil y Argentina. Esos países dejarán de crecer. Y en 2013 o 2014 podemos encontrarnos con una recesión internacional.

¿Puede el mundo soportarlo?

La pregunta es, si la recesión se prolonga en Europa, hasta dónde soportarán las sociedades europeas la purga a la que se está sometiendo a la población. Cuánto va a crecer la extrema derecha, cuánto la protesta social. La historia no se detiene y esto es un golpe de Estado financiero. Los mercados han decidido tomar el poder. En Grecia e Italia, la evidencia es total. Se han colocado personas que han trabajado de uno u otro modo con Goldman Sachs, especialista en colocar a su gente en puestos de poder, pero ahora al frente de países.

¿Qué se puede hacer?

La sociedad debe reflexionar para seguir defendiendo que otras soluciones son posibles. Hay que volver a planteamientos keynesianos (estimular el crecimiento económico inyectando dinero público). No lo digo yo. Lo dicen (Paul) Krugman y (Joseph) Stiglitz. Hay que hacer políticas anticíclicas, encontrar soluciones para salir de la situación. Veo difícil que se adopten en el contexto actual pero, si los gobiernos no se deciden, vamos a la catástrofe. Quizás si Francia pierde la triple A, Alemania verá que se hunde la última barrera que los protege. Los eurobonos podrían ser una solución a la crisis de la deuda, pero por otro lado habría que prohibir los hedge funds (fondos de alto riesgo), implantar la tasa a las transacciones, no operar con bancos que utilicen paraísos fiscales. Quién lo va a hacer si no hay autoridad. El euro es la única moneda que no está respaldada por una autoridad política, no tiene Gobierno y los mercados se han dado cuenta, han visto que se podían enriquecer fácilmente.

¿Por qué arrasa la derecha en Europa si trae recortes aún mayores que los que se han visto?

Es posible que una parte de la sociedad, teniendo en cuenta que muchos medios de comunicación dominantes insisten en que la línea de la ortodoxia es la única, acepten la idea de los recortes. El pánico a que el euro desaparezca genera mucha disciplina. Se ha visto en Catalunya en estas elecciones. Una parte del electorado piensa que es o recortes o caos, y votan recortes. El problema es qué pasará cuando no pase nada. Cuando los sacrificios no hayan puesto fin a la situación de crisis. Esa es la preocu-pación.

¿Piden realmente los mercados ajustes y reformas, teniendo en cuenta que no funcionan?

Los mercados no saben lo que quieren. No hay un objetivo concreto. Buscan ganar dinero. Pero es posible que la especulación acabe por destruir el sistema.

Fuente:

Rebelion.org

Giacosa: Sobre el Absolutismo del siglo XXI

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial muchos imaginaron un futuro con libertades y sin pobreza. Hoy, siete décadas más tarde, aquella ilusión –que se plasmó en parte en el ‘Estado de bienestar’– comienza a derrumbarse, y lo hace enviándonos señales que la prensa disfraza o distorsiona.

El tratamiento de la coyuntura permite cualquier tipo de triquiñuelas destinadas a ocultar el abismo hacia el que marchamos. Hoy un pequeño grupo, que no constituye más del 1% de la población mundial, adopta decisiones que afectan, golpean y castigan al 99% restante.

Dice una nota del diario español La Vanguardia: “La sensación de estar viviendo en un orden absolutista, en el que una ínfima minoría acapara el grueso del poder, la riqueza y los privilegios, y conduce al resto al desastre, está en la calle. Se está haciendo cada vez más viva en la Europa de hoy. Al mismo tiempo, se constata la impotencia de los políticos nacionales y de sus instituciones. Da igual votar: el poder y las decisiones están en otra parte, no electa. Todo esto invita a la rebeldía que puede acabar siendo vista como mera necesidad”.

Este artículo se publicó en las vísperas de las últimas elecciones españolas, y denuncia un estado de ánimo cuyas consecuencias podrían ser una movilización social que altere la gobernabilidad y ponga en entredicho el concepto mismo de democracia. En este aire enrarecido es difícil no evocar la desintegración de la URSS atrapada en sus propias contradicciones, y pensar que, si en esa experiencia se beneficiaron los gobernantes, en la actual se beneficia una élite empresarial.

Fuente:

Peru21

El linchamiento de Gadaffi: Sacrificio humano y retorno a la barbarie

La exhibición de las imágenes del linchamiento de Muammar el-Kadhafi ilustra la verdadera entraña de nuestras sociedades, nos paralizan y nos conminan a deponer las armas. Ese sacrificio es síntoma de un regreso a una sociedad matriarcal, a un «estado natural». Al paralizarnos en una violencia sacralizada, esas imágenes nos demuestran que el Imperio estadounidense constituye una regresión inédita en la historia de la humanidad. Nos demuestran también que el objetivo de esta no es sólo la conquista de un objeto, ni el saqueo del petróleo y de los fondos libios sino también, como en la época de las cruzadas, la destrucción de un orden simbólico en provecho de una máquina de producir beneficios, de un capitalismo desencadenado.


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En el momento de la difusión de las imágenes del linchamiento de Muammar el-Gaddafi, nuestros dirigentes dieron muestras de un extraño placer. «Strange Fruit» [1], dichas imágenes traen de inmediato a la mente el recuerdo de otras, las del ahorcamiento de Sadam Husein, ejecutado precisamente el día del Aid al-Adha, la fiesta musulmana del sacrificio. Ambos casos nos sumergen en una estructura religiosa que, al sustituir el sacrificio del carnero [2] por el sacrificio humano, restaura la imagen primitiva de la diosa-Madre. Invierte además el Antiguo Testamento y anula el acto de la palabra. Esta religión sin Libro se reduce al fetiche [3].
Carece de Otro y de Ley. Es una simple invitación al disfrute de la muerte como espectáculo.

Gracias a la imagen, la voluntad de poderío se hace ilimitada. La transgresión deja de tener límites, como en el rito del sacrificio, en el espacio y el tiempo y se hace constante. Se hace eco de la violación permanente del orden del derecho proveniente del acto fundador de los atentados del 11 de septiembre de 2011.

Encerrados en la tragedia

La manera como fue tratado el cuerpo de Muammar el-Gaddafi revela la tragedia vivida por el pueblo libio. Su cadáver fue objeto de un doble tratamiento excepcional, de una violación doble del orden simbólico en el que se insertaba esa sociedad. En vez de ser inhumado el día mismo de su muerte, como lo exige el rito musulmán, su cadáver se mantuvo expuesto a las miradas de los curiosos durante 4 días, en un frigorífico. Esta exhibición fue seguida de su enterramiento en un lugar secreto, a pesar del pedido que su esposa había hecho llegar a la ONU de que le fuese entregado el cuerpo.

Esa doble decisión del nuevo «poder» libio pone a la población en una situación que ya conocida en la tragedia griega. Al impedir que la familia enterrara el cuerpo, el nuevo poder político se apropia del espacio del orden simbólico. Mediante la supresión de toda articulación entre la «ley de los hombres» y la «ley de los dioses», el Consejo Nacional de Transición las fusiona y se arroga el monopolio de lo sagrado, poniéndose así por encima de la política.

La decisión del CNT de impedir a la familia la realización del funeral y de exhibir el cadáver tiene como objetivo suprimir el significado del cuerpo para mantener a la vista únicamente el significado de la muerte. La orden de disfrutar la imagen del asesinato no debe encontrar límite alguno. El fetiche perpetúa la compulsión de la repetición. La pulsión se vuelve entonces autónoma y pasa, indistintamente, de una imagen a otra, de la imagen de la muerta a la imagen de la ejecución de la muerte. Su función es acrecentar la voluntad de poderío.

Ser dueño de lo que debe verse

La profanación del cuerpo no es, por consiguiente, más que un elemento de su fetichización. Lo esencial se encuentra en las imágenes del linchamiento de Gaddafi. Captadas a través de un teléfono celular, esas imágenes ocupan el espacio mediático y son reproducidas constantemente. Irrumpen en tiempo real en nuestra vida cotidiana. Nos capturan a pesar nuestro. Pasamos entonces nosotros mismos a formar parte del escenario ya que, en la pulsión cinematográfica, el linchamiento sólo se convierte en acto de sacrificio gracias a la mirada-objeto. Las imágenes nos muestran a personas que toman fotos y que disfrutan el espectáculo filmado. Esas personas exhiben el instante de la mirada. Lo que se presenta como ofrenda no es el objeto sino el sentido que se ofrece a la mirada, para ser dueño de lo que debe verse.

El linchamiento como imagen es una tradición occidental. Al fotografiar a sus víctimas, los miembros del Ku Klux Klan ya exhibían el sacrificio humano como espectáculo. El tratamiento que se dio a Gaddafi forma parte de esa «cultura». Se distingue, sin embargo, de ella en un aspecto. El montaje de las acciones del KKK tenía un fuerte componente ritual, trasmitía la imagen de un orden social subterráneo.

En el caso del linchamiento de Gaddafi, las imágenes captadas a través de los teléfonos celulares se liberan de todo significante, se convierten en algo más real que la realidad, colonizan lo real que de hecho sólo existe entonces como aniquilación. Esas imágenes muestran la fragmentación de la sociedad y, por ende, la omnipotencia de la acción imperial. Nos muestran un mundo que se invierte permanentemente. Nos enfrentan al espanto e nos inyectan la psicosis. Destruyen toda relación con el otro y apelan tan sólo a interioridades, a mónadas cuyo consentimiento buscamos.

Al contrario de un lenguaje que nos inscribe en un «nosotros», la imagen se dirige a cada individuo por separado. Impide todo vínculo social, toda forma de simbolización. Es el paradigma de una sociedad regida por las mónadas. Mucho revelan así dichas imágenes no sobre el conflicto mismo sino sobre el estado de nuestras sociedades, así como sobre el futuro programado para Libia: una guerra permanente.

El sacrificio de un chivo expiatorio

Estas imágenes nos muestran la ejecución de un chivo expiatorio. Actualizan la noción de violencia mimética que René Girard desarrolló en su interpretación del Nuevo Testamento [4]. Mediante la repetición del sacrificio, dichas imágenes nos imponen una violencia sin objetivo. Esta se torna compulsiva. Si bien el chivo expiatorio sirve de catalizador a la violencia, lo cierto es que, contrariamente a lo que afirma Girard, no permite detenerla. La paz sólo será momentánea y no es más que la preparación de una nueva guerra. Cada sacrificio es un llamado a la realización de otro. Después de la destrucción de Libia tendrá que venir la de Siria, después la de Irán… La violencia se vuelve infinita y fundadora.

Al igual que en los enunciados cristianos, los comentarios de los medios sobre las imágenes del linchamiento de Kadhafi convierten al chivo expiatorio en víctima expiatoria. Si Gaddafi es víctima de un linchamiento es porque «así lo quiso». No es víctima de una agresión externa sino que supuestamente obedeció a una ley interna. Su ejecución no es resultado de su voluntad de resistir sino el cumplimiento de un destino personal. René Girard enunció también este procedimiento al referirse a Cristo. La figura de Cristo lleva a un desplazamiento de la noción de chivo expiatorio hacia la de la víctima expiatoria ofrecida para «purgar» el pecado original.

De esa manera, libres de toda deuda simbólica, de todo cuerpo social, esas imágenes y los comentarios sobre ellas participan en la inversión sistemática de la Ley simbólica, y en el estado de excepción permanente, que se instauró después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sacralizado, el poder político suplanta al orden simbólico.

Una regresión: del lenguaje de la imagen de la unificación a la diosa-Madre

Esas imágenes nos hacen regresar a un fase en la que el sacrificio humano ocupaba un lugar central en la organización social. Constituyen un retorno a la obsesión primordial de la unificación con la madre [5]. Los trabajos etnológicos, así como el psicoanálisis, nos han demostrado que el sacrificio humano constituye un regreso a una estructura maternal. El amor y el sacrificio son los atributos de una organización social que no distingue ya entre orden político y orden simbólico. Son los paradigmas de una sociedad matriarcal que opera aquí la fusión del individuo con el poder maternal.

Estas imágenes se inscriben en una larga tradición cristiana de inversión de lo que sirve de basamento al Antiguo Testamento. El relato de Abraham es el momento que instituye la prohibición del sacrificio humano. La muerte de Cristo, por el contrario, es la inversión del sacrificio de Isaac. En vez del animal que reemplaza al hijo, es el hijo-Mesías quien se convierte en carnero [6].

En el Antiguo Testamento, la muerte del animal sacrificado es la muerte del dios primitivo. Simboliza así un desplazamiento del sacrificio real hacia el lenguaje: «Si existe un dios, este se halla en las palabras de alianza (el lenguaje)» [7]. Ese movimiento inaugura la existencia de un lugar productor de la metáfora, de transformación de lo real. Las operaciones de desplazamiento y de metáfora, que se hallan en el núcleo de dicho relato, son los procedimientos constitutivos de la ley del lenguaje [8]. La ley del lenguaje es inscripción de la no identidad de la palabra y del objeto. En el conflicto libio, nos sitúan, desde el comienzo, fuera del lenguaje. Kadhafi es un tirano, porque así lo califican. Las masacres de su régimen no tienen que ser comprobadas, basta con afirmar que suceden. La imagen misma del dictador es suficiente. No integra ninguna contradicción ni enfrenta nada real. Es más real que la realidad.

El fin de todo orden simbólico

La ley del lenguaje es la aceptación de que la lengua es ante todo la del otro. Es el reconocimiento por parte del hombre de su propio carácter incompleto. Una vez que se concreta esta simbolización, inculcando la dependencia del individuo con respecto al otro, se emprende un proceso de reconocimiento mutuo y, por esa vía, la formación de una sociedad humana [9]. Esta introduce una deuda simbólica [10], un sistema de relaciones en el cual el individuo encuentra su lugar y donde deja de ser su propio padre. Esta deuda, al contrario del pecado original, tiene un carácter unificador ya que pone al hombre en relación con el otro a partir de un devenir.

Gaddafi estaba imperfectamente insertado en el sistema capitalista globalizado. Funcionaba aún de conformidad con valores provenientes de la sociedad tradicional, sobre todo la del regalo como creador de vínculos sociales. Se vio duramente afectado por el abandono de sus «amigos» Sarkozy, Berlusconi o Tony Blair... [11]. Seguramente pensaba que los regalos que les había hecho habían instaurado un sistema de reconocimiento recíproco que le garantizaba cierta protección. Lo cual demuestra que no había entendido la naturaleza del capitalismo. En ese sistema, toda relación social está abolida. Si bien en las sociedades antiguas el intercambio de objetos sirve de basamento a las relaciones entre los hombres, en el capitalismo la mercancía y el dinero son sujetos. Quienes recibían los regalos de Kadhafi sólo podían verlos como adelantos por algo que les correspondía por derecho. Los dioses oscuros de esta sociedad no pueden ser otros que los de los mercados.

Imágenes de disfrute

Por la ley del idioma, el hombre se distingue de la naturaleza, de la diosa-madre que no tiene interior ni exterior. El asesinato, en vez de ser fundador, es abolido para dar acceso a la palabra. Se establece entonces un orden humano que se diferencia del orden divino. El individuo deja de ser un hijo todo poderoso. Se ve separado del poder maternal.

Las imágenes del linchamiento de Kadhafi nos retrotraen, por el contrario, a lo originario y la omnipotencia. Nos inscriben en una estructura religiosa anterior al logro que fue la prohibición del sacrificio. Estos clichés vuelven a sumergirnos en la violencia incestuosa, en el disfrute de la pulsión háptica, devoradora [12]. El imperativo del disfrute suplanta aquí la política. El ejemplo más significativo nos lo proporciona la entrevista de Hillary Clinton, quien acoge esas imágenes como una ofrenda. Llena de gozo, proclama su propia omnipotencia y expresa su júbilo ante el linchamiento: «¡Vinimos, vimos y él [Kadhafi] murió!», ante las cámaras y micrófonos de la CBS [13].

La violencia inflingida al «Guía» libio es también, para los demás dirigentes occidentales, un instante propicio para expresar la satisfacción que les invade y disfrutar del éxito de su iniciativa. «Tampoco vamos a derramar lágrimas por Gaddfi», declaró Alain Juppé, el ministro francés de Relaciones Exteriores [14].

El cuerpo martirizado como ícono de la violencia

Las posiciones que asumieron nuestros líderes después de la difusión de esas imágenes nos confirman que el verdadero objetivo de esta guerra no era la protección de la población sino la eliminación de Gaddafi. La tribuna de Barack Obama, Nicolas Sarkozy y David Cameron, publicada de forma conjunta el 15 de abril en The Times, The International Herald Tribune y Le Figaro, nos había anunciado sin embargo que «No se trata de expulsar a Gaddfi por la fuerza. Pero es imposible imaginar que Libia pueda tener un futuro con Gaddafi» [15]. Su violencia [de Gaddafi] consistiría entonces esencialmente en el hecho de no haber abandonado el poder, aun siendo inconcebible que se mantuviera en él. Su imagen supuestamente simboliza la tiranía, ya que no pudo lograr que los dirigentes occidentales amaran a la población libia. «Él (Gaddafi) se comportó de manera muy agresiva. Se le ofrecieron buenas condiciones para que se rindiera, y las rechazó», agregó Juppé.

Los medios nos confirman que «los dictadores siempre acaban así». Las huellas de la violencia hacen aparecer lo invisible. El linchamiento se convierte en prueba de que la víctima era en efecto un dictador. Estos estigmas nos muestran lo que nunca vimos: la prueba de las masacres que Gaddafi iba a cometer. Son una muestra de sus intenciones de hacer aquello que la OTAN utilizó como argumento para justificar su intervención.

De esa manera se vinculan las masacres atribuidas al coronel con la imagen de su cuerpo ensangrentado. Las huelles de violencia sobre el cuerpo vivo, y posteriormente sobre el cadáver, no serían entonces el resultado de la violencia de los «liberadores» sino el fruto de la sangre derramada por Gaddafi.

La violencia del crimen nos muestra que efectivamente se trata de una venganza. También nos demuestra que los autores de esa violencia son en realidad víctimas y que este asesinato tiene un carácter sagrado.

La exhibición de un poder sin límites

Las imágenes del momento del sacrificio permiten a nuestros dirigentes exhibir un poder sin límites. El ministro de Defensa de Francia, Gerard Longuet, reveló que la aviación francesa, a pedido del Estado Mayor de la OTAN, había «detenido», o sea bombardeado, la caravana fugitiva en la que se encontraba Gaddafi [16]. El ministro francés reivindica así una violación flagrante de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Por su parte, Alain Juppé se dio el lujo de reconocer que el objetivo de la invasión no era otro que poner en el poder al CNT: «La operación debe terminar ahora ya que el objetivo que perseguíamos, o sea acompañar a las fuerzas del CNT en la liberación de su territorio, ya ha sido alcanzado» [17].

El éxito de la ofensiva de la OTAN vino acompañado, por parte de los vencedores, de declaraciones cada vez más numerosas en las que se reconocía la violación sistemática, aunque justificada, de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. El filósofo, escritor, cineasta, estratega y diplomático Bernard-Henri Levy incluso reconoció, en su libro La guerre sans l’aimer [En español: «La guerra sin desearla». Nota del Traductor.], que «Francia proporcionó directa o indirectamente cantidades muy importantes de armas a los rebeldes libios que combatían por derrocar a Muammar el-Gaddafi» [18]. Todas estas declaraciones ilustran la estructura síquica del niño todopoderoso, figura fálica del Estado maternal, de un poder carente de límites que se sitúa más allá de la palabra y que, por lo tanto, no se siente obligado a respetar ni siquiera sus propios compromisos.

Esas posiciones recuerdan las declaraciones de Tony Blair cuando reconoció que no había armas de destrucción masiva en Irak, pero que la guerra contra Sadam Husein fue justificada porque puso fin al reinado de un dictador.

La víctima y el sacrificio: los valores de un regreso a la barbarie

El asesinato cometido contra Gaddafi, como acto de «venganza de las víctimas», tiene como resultado que Gaddafi no será juzgado. Esta consecuencia coincide con los intereses de las firmas petroleras y los gobiernos occidentales, cuyos estrechos vínculos con el régimen del coronel no saldrán por lo tanto a relucir ante la opinión pública. El principal resultado de la sustitución de la organización de un juicio [contra Gaddafi] ante la Corte Penal Internacional por las imágenes del linchamiento es que, en vez de verse detenida por la palabra, la violencia se hace infinita. Libia, al igual que Irak y Afganistán, se convertirá en escenario de una guerra perpetua. En lo tocante a nuestros propios regímenes políticos, estos se sumergen en un estado de excepción permanente. Este viene acompañado de la aparición de un poder absoluto, cuyo actuar político va más allá de cualquier orden vinculado al derecho.

Una intervención militar emprendida en nombre del amor de los dirigentes occidentales por los pueblos víctimas de un «tirano» [19] y magnificada por la exhibición del sacrificio de este último revela es síntoma de una regresión de nuestras sociedades a la barbarie.

El tratamiento del sacrificio de Gaddafi como imagen icónica confirma el carácter cristiano de una guerra desatada en nombre del amor por las víctimas. La destrucción de Libia por las fuerzas de la OTAN se inserta en la larga tradición de las cruzadas, de las guerras contra la ley simbólica iniciadas en nombre del hombre-Dios [20]. Estas ya eran resultado de una reorganización de Europa bajo la autoridad papal [21]. Hoy en día, este conflicto, aún más que la guerra contra Irak, implica una sumisión total de los países europeos al Imperio estadounidense.

La guerra por la democracia es la versión postmoderna de la «guerra santa», sagrada no porque el enemigo fueran los «infieles» sino porque la ordenaba el Papa, como infalible representante del hombre-Dios. Hoy en día, el carácter sagrado de la agresión proviene del carácter naturalmente democrático de su patrocinador estadounidense, cuyo presidente recibió el premio Nóbel de la paz antes de haber realizado el menor acto político. Ese premio consagra al presidente de Estados Unidos como ícono cristiano, como la personificación misma de la paz y la democracia. No se trata en esta versión de la sacralización del hombre creado a la imagen y semejanza de Dios, sino a la imagen de sí mismo y de su naturaleza pacífica y democrática.

Notas:

[1] Título de una canción que Abel Meeropol compuso en 1946 par Abel Meeropol en la que se denuncian las Necktie Party (ahorcamientos) que se organizaban en el sur de Estados Unidos y a los blancos asistían vestidos como para una fiesta. Interpretada por Billie Holiday, la difusión de esta canción fue un enorme éxito.

[2] Al blandir un cuchillo para sacrificar a su hijo, Abraham encuentra un carnero en el lugar del niño. El que debe morir es el macho cabrío, el animal-padre, el padre primitivo, o sea un fantasmagórico linaje de ancestros, al mismo tiempo que una divinidad arcaica, una forma feroz de Dios que reclama constantemente sacrificios. in Jean-Daniel Causse, «Le christianisme et la violence des dieux obscurs, liens et écarts», AIEMPR, XVIIe congrès international Religions et violences, Estrasburgo, 10-14 de julio de 2006.

[3] Paul Laurent Assoun, Le fétichisme, Que sais-je?, PUF, 1994. «Le fétiche ou l’objet au pied de la lettre», in Éclat du fétiche, Revue du Littoral 42.

[4] Réné Girard, La Violence et le sacré, Le Seuil, 1972.

[5] El significado primordial del deseo de la madre es rechazado normalmente gracias a la sustitución del significado del Nombre del Padre que inscribe en el lenguaje. El sacrificio es un regreso a ese estado natural de unificación con la madre. In Catherine Alcouloumbré, «La métaphore paternelle», Espaces Lacan, Seminario 1998-1999.

[6] Bible Chrétienne, II, Commentaires, Èditions Anne Sigier, 1990, p. 318, in Nicolas Buttet, L’Eucharistie à l’école des saints, Éditions de l’Emmanuel, París 2000, p. 38.

[7] Jean-Daniel Causse, «Le christianisme et la violence des dieux obscurs, liens et écarts», AIEMPR, XVIIe congrès international Religions et violence, Estrasburgo 2006, p. 4.

[8] Son el reflejo de dos operaciones fundamentales del lenguaje –la sustitución y la combinación–, que son el eje paradigmático y el eje sintagmático. Ver: Vincent Calais, La théorie du langage dans l’enseignement de Jacques Lacan, L’Harmattan, París 2008, p. 59.

[9] Hervé Linard de Guertechin, «A partir d’une lecture du sacrifice d’Isaac (Genèse 22)», Lumen Vitoe 38 51987), p. 302-322.

[10] Contrariamente al pecado original, esa deuda tiene un carácter unificador ya que pone al hombre en relación con el otro, a partir de un devenir y no de un originario. El pecado original, por el contrario, encierra en la imagen de un superyó.

[11] «Kadhafi préférait "mourir en Libye qu’être jugé" par la CPI» [En español, «Kadafhi prefería “morir en Libia a ser juzgado” por la CPI». NdT.], La Libre Belgique y AFP, 31 de noviembre de 2011.

[12] «Le sacrifice se centre sur le noyau sacrificiel originel: l’endocannibalisme» in Pierre Solié, Le sacrifice fondateur de civilisation et d’individuation, resumen.

[13] «Hillary Clinton se félicite de la mort de Mouammar Kadhafi», Réseau Voltaire, 22 de octubre de 2011.

[14] «La mort de Kadhafi marque la fin de l’engagement de l’OTAN en Libye», LeMonde.fr con AFP, 21/10/2011.

[15] «Tribune de Barack Obama, David Cameron et Nicolas Sarkozy sur la Libye», Réseau Voltaire, 15 de abril de 2011.

[16] «L’aviation française a stoppé le convoi de Kadhafi, affirme Longuet», TF1, 20 de octubre de 2011.

[17] «La mort de Kadhafi marque la fin de l’engagement de l’OTAN en Libye», LeMonde.fr, Op. Cit..

[18] «Les coulisses de la guerre selon BHL», La Libre Belgique, 7 de noviembre de 2011.

[19] Jean-Claude Paye, Tülay Umay, «Faire la guerre au nom des victimes», Réseau Voltaire, 9 de mayo de 2011.

[20] Maurice Bellet, Le Dieu pervers, Desclée de Brouwer, París 1979, pp 16-17.

[21] Paul Rousset, Les origines et les caractères de la première Croisade, La Baconnière, Neuchâte11945.

Fuente:

Red Voltaire

Lenguaje, medios de comunicación y neoliberalismo



Uno de los mayores logros del neoliberalismo, con el que ha cimentado en gran medida su hegemonía ideológica, es la manipulación del lenguaje.

Uno de los mayores logros del neoliberalismo, con el que ha cimentado en gran medida su hegemonía ideológica, es la manipulación del lenguaje. Entre las principales tareas a las que dedican sus esfuerzos los numerosos think tanks que trabajan al servicio del nuevo capitalismo se encuentra la de generar la mixtificación de sus mensajes ideológicos mediante una utilización fraudulenta del lenguaje. Los partidos de gobierno usan la misma técnica que tales centros de alimentación ideológica neoliberal: es más, no pocos de los responsables de las áreas económicas de los gobiernos proceden de tales núcleos de pensamiento.

Por ejemplo, la palabra reforma ya no quiere decir mejora sino retroceso. La solidaridad no consiste en redistribuir desde los ricos hacia los pobres, sino en favorecer a los ricos a costa de los pobres o, en todo caso, en una solidaridad entre pobres. La igualdad es cada vez menos una igualdad entre clases para devenir casi en exclusiva en una igualdad entre sexos. La empleabilidad no quiere decir que el Estado y la sociedad vaya a favorecer con políticas estructurales, más allá de las subvenciones que hacen modificar el lugar que los parados ocupan en la fila del desempleo, el empleo de los sin empleo sino que cada desempleado y cada trabajador (potencial desempleado) se convierta en "empresario de sí mismo". Garantizar las pensiones no quiere decir que en el futuro los pensionistas tengan una tasa de sustitución, respecto al último salario, igual o mejor que la actual, sino que las pensiones públicas no hayan desaparecido, aunque el porcentaje de las mismas que se sitúen por debajo del umbral de pobreza supere, dentro de 40 años, el 50 o el 60% de los pensionistas.; algunas previsiones ya calculan que en 2030 el porcentaje de pensionistas pobres en la UE será del 40%. Hace un par de años era del 20% y, en España, del 28%. También significa que crezcan, al mismo tiempo, las pensiones privadas subvencionadas con fiscalidad pública

Tampoco una "salida social" de la crisis consiste en que quienes salgan mejor parados de la misma sean los trabajadores y las clases medias, sino los grandes patrimonios. "Privilegio" se considera ahora un derecho laboral de los trabajadores "normales" pero no la utilización que los grandes directivos realizan del derecho laboral o mercantil para gozar de bonos, jubilaciones o contratos blindados de escándalo, lo que se entiende como una "justa remuneración". Así mismo, se admite como lógico, en lugar de sarcástico o ignominioso, proponer a los parados, a los precarios, a los que tienen un contrato a tiempo parcial porque no pueden tener uno a tiempo completo, a los jóvenes que siguen siendo becarios a los treinta y tantos años, "trabajar más para ganar más".

En fin y entrando en el tema que quiero abordar, se llama segmentación (del mercado de trabajo) a la precariedad. En lugar de llamarla, en una versión actualizada, ejército de reserva del capitalismo.

Una segmentación que, faltaría más, es producida por los obstáculos que los trabajadores que ya están dentro del sistema de trabajo (insiders) ponen a la entrada de los que están fuera (outsiders). De acuerdo con el pensamiento económico dominante, los primeros, con sus privilegios, protecciones y derechos adquiridos impiden entrar en el mercado de trabajo a los segundos.

La primera manipulación del planteamiento es la afirmación de que tal segmentación laboral la ha creado el supuesto egoísmo de los trabajadores y no los intereses del capital. Lo cierto es que quienes han creado la segmentación y dualidad – la precariedad, en realidad – del mercado de trabajo, en España y en otros muchos países, han sido los Gobiernos con sus políticas. Unas políticas que han alimentado un segundo mercado de trabajo con el objetivo último de hacerlo mucho más barato (en salarios, en prestaciones sociales, en costes de despido). Mediante normas y subvenciones de las que se han aprovechado masivamente las empresas. Hay que decir que con muy pocos resultados sobre la durabilidad a largo plazo del empleo y con nefastas consecuencias sobre la estructura y la productividad de nuestro sistema económico. Sin que ninguna de las sucesivas reformas que se han realizado, supuestamente para acabar con dicha dualidad, haya variado la situación salvo para empeorarla.

Estrechamente vinculada a la anterior, la segunda manipulación de esta presentación del problema es que, precisamente porque la segmentación responde a los intereses del capital y no a los "privilegios" de los trabajadores con empleo, gran parte de los denominados "outsiders" no están, en realidad, fuera sino dentro del mercado de trabajo. Forman parte, una parte muy deliberadamente buscada, del mismo. Aunque constituya la parte más débil del mercado laboral, su principal variable de ajuste.

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