31 de diciembre de 2011

2011: declive de los modelos económicos neoliberales


La crisis económica mundial, lejos de aminorar durante 2011, se incrementó en casi todas las naciones capitalistas desarrolladas, lo que ha llevado al mundo a padecer, según indican los analistas, una depresión mayor a la ocurrida en la década de 1930 del siglo pasado.

Y es que los efectos de la crisis económica, financiera, inmobiliaria, alimenticia y climática que comenzó por Estados Unidos a partir de 2008, se extendió con fuerza de tsunami por diferentes regiones del orbe y hasta el momento no se ven indicios de mejoría.

Estados Unidos no sale del hueco

Las personas carentes de seguros médicos sobrepasan los 50 millones, el desempleo que según la cifra oficial es de 9,2 %, se sitúa en 17% si se combina con el subempleo, mientras unos 8,2 millones de núcleos familiares están en juicios hipotecarios al borde de perder sus viviendas.

La pobreza infantil se elevó al 20%, mayoritariamente entre negros y latinos debido a que en estos años de crisis económica estos sectores han sido los más afectados por el desempleo.

Debacle en la Unión Europea y zona euro

Con el estancamiento de la economía dentro de la Unión Europea en su conjunto, que solo tendrá un crecimiento en 2011 de 0,3 %, con enormes endeudamientos fiscales, los gobiernos han optado por aplicar extremas políticas de austeridad social que han provocado mayor desempleo, caída del consumo interno, elevación de la pobreza y estancamiento de las inversiones extranjeras.

Todos se preparan para un período prolongado de estancamiento en toda la Unión, con mayores dificultades para los 16 integrados en la Zona Euro.

América Latina salvó escollos

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indicó que el valor de las exportaciones de bienes en la región crecerá 27% en 2011, aumento similar al del pasado año.

La expansión se debe a un crecimiento de 9% en el volumen exportado y de 18% en los precios de esos productos. El valor de las importaciones aumentó en 23% y la región acumuló un superávit comercial de alrededor de 80.000 millones de dólares. Factores determinantes en estos resultados fueron el aumento de los precios de las materias primas y la demanda de esos productos por parte de China.

Los indignados

Los movimientos denominados "Indignados" (en Europa) y "99%" (en Estados Unidos), que reclaman creación de puestos de trabajo, disminución del desempleo, no eliminación de programas sociales, así como exigen que el 1% de los más ricos paguen mayores impuestos, han proliferado por el viejo continente y por Estados Unidos.

Los gobiernos de esos países han reprimido con violencia a los indignados y a la par han echado a la calle a miles de trabajadores y han reducido los importes de las prestaciones sociales como medida para tratar de paliar las violentas crisis fiscales y de endeudamiento. Para el Premio Nobel de Economía estadounidense Joseph Stiglitz, "esas tesis neoliberales han llevado al mundo al borde de la ruina al propugnar las bondades económicas de los mercados libres y sin restricciones y la reducción al mínimo de las funciones del Estado a favor de la iniciativa privada", las cuales se incrementaron en el 2011.

UNASUR, ALBA, CELAC, PETROCARIBE

2011 marcó el año de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y el reforzamiento de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), de la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR), PETROCARIBE, y de los Bancos del Sur y del ALBA.

La CELAC se creó durante la Cumbre celebrada en Caracas los días 2 y 3 de diciembre pasado, integrada por 33 naciones, sin la membresía en ella de Estados Unidos ni Canadá. Muchos son los desafíos económicos y sociales que tiene por delante la naciente organización en aras de reivindicar más de dos siglos de luchas y esperanzas tras las mediatizadas independencias

El surgimiento de todos esos organismos regionales sin la presencia de Estados Unidos ni las presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha demostrado la capacidad de los pueblos del hemisferio sur de dirigir y determinar sus propios intereses y necesidades y que los tiempos de hegemonía unipolar en el área estan cambiando.

China, segunda economía mundial

China, desde principios de 2011, se convirtió en la segunda economía mundial por el valor total del Producto Interno Bruto (PIB) y envió al tercer lugar a Japón. Pese a la grave crisis económica-financiera internacional, China no detuvo su crecimiento anual y se espera que cierre el año con cerca del 8%. La economía de América Latina, con altas y bajas, ha ido escapando de la profunda crisis capitalista mundial que después de tres años continúa afectando a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. Similar a un cáncer que va destruyendo a su paso células y órganos vitales, las políticas neoliberales han corroído las economías europeas más débiles como Letonia, Grecia, Rumania, Irlanda o Portugal y han puesto una espada en la garganta a España, Italia, Gran Bretaña, Hungría, República Checa y hasta a Francia.

Las reservas de divisas de China alcanzaron los 2,5 billones de dólares, o sea, más del 30% de la totalidad del orbe. El gigante asiático ha sido un factor fundamental para amainar la crisis capitalista al impulsar el intercambio comercial del orbe, y de manera destacada ha impulsado sus relaciones mercantiles y de inversiones en América Latina lo cual ayudó a esta región a paliar los efectos de la crisis.

Pese a los billones de dólares entregados por la Reserva Federal (FED) a diferentes bancos estadounidenses para salvarlos de la bancarrota, la economía de Estados Unidos padece una situación calamitosa. A la par que el gigante del norte continúa llevando la guerra a varias naciones del orbe, la administración recorta las partidas de gastos sociales lo cual provocó que en 2011, la cifra de personas bajo el umbral de pobreza se situara en 53,6 millones, o sea, 18,4% de la población, es decir, uno de cada 5,8 habitantes.

Cambio climático sin solución

La Unión Europea, respaldada por una coalición de los Países Menos Desarrollados y de la Asociación de pequeños Estados Isleños (AOSIS) logró imponer una guía a las potencias emergentes y a Estados Unidos para alcanzar un convenio global que incluye a los principales emisores. Ese pacto, que debe adoptarse en 2015 y entrar en vigor en 2020, era la condición impuesta por la UE para sumarse a un segundo periodo del Protocolo de Kyoto, que expira en 2012 y que ahora se prolongará hasta 2017 o 2020.

Pero, en realidad, no se consiguió obtener un marco legal sólido para obligar a los grandes emisores a cumplir sus compromisos y se dejó para la próxima cumbre, que tendrá lugar en Catar en noviembre de 2013, la discusión sobre recortes de emisiones más ambiciosos.

La ONG Oxfam International advirtió de que “la falta de un mejor acuerdo tendrá dolorosas consecuencias para los pobres del mundo entero. Un aumento de temperaturas de 4 grados centígrados puede suponer la destrucción total para los pobres agricultores que sufrirán más hambre y pobreza”.

Según los científicos, los recortes de emisiones actuales no impedirán que la Tierra se caliente a finales de siglo por encima de los 2 grados centígrados considerados peligrosos y sería necesario recortar en un 50% los gases de efecto invernadero para 2050. A la par que no se toman medidas, los desastres naturales ocurren diariamente en el mundo e Islas como Marshall, Kiribati, Tuvalu, Cocos, Tokelau, Nauru estan en peligro de extinción por el crecimiento de los mares.

Irak, Afganistán… y ahora Libia

Las guerras que mantienen Estados Unidos y sus aliados en Irak, Afganistán y este año en Libia, siguen absorbiendo enormes cantidades de dinero de los países invasores; se incrementan las muertes de militares y civiles, y no se ve solución posible que no sea la salida de los ocupantes que no han logrado por medio de las armas controlar a los opositores. La inseguridad forma parte de la vida de sus habitantes. Tanto Irak como Afganistán están destruidos y sus pueblos sumidos en las mayores pobrezas y necesidades, mientras la infraestructura de Libia fue pulverizada por los bombardeos de la OTAN. La repartición de los grandes yacimientos de petróleo, gas y diferentes minerales, así como el control geopolítico de esas importantes regiones ha sido el factor principal de las agresiones. La cumbre de Durban, en Sudáfrica (COP17), alcanzó un mediocre acuerdo tras numerosas días de discusiones.

Sudáfrica se integró en el BRICS

Con la inclusión este año de Sudáfrica en el grupo integrante del BRIC (Brasil, Rusia, India y China; ahora BRICS), la agrupación posee el 28% del Producto Interno Bruto mundial. El grupo que cuenta con el 40% de la población mundial, el 27% de la extensión total de la Tierra, el 26% del PIB y el 13,8% del comercio internacional, defiende cuestiones claves como el multilateralismo e impulsa la presencia económica y comercial en el mercado de las cinco naciones con énfasis en la eliminación de los subsidios agrícolas de los países desarrollados.

Retroceso del dólar y del euro

Las noticias son poco halagüeñas para Estados Unidos, que desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial, basado en el dólar y en el control que ejerce sobre FMI, Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros organismos, ha dominado con esa moneda las transacciones comerciales en el orbe.

China y Rusia han firmado acuerdos entre ellos y también con países cercanos para realizar el comercio con sus respectivas monedas y otro tanto hacen las naciones integrantes del MERCOSUR y del ALBA con el SUCRE.

Metas del milenio

La desigualdad existente entre ricos y pobres en la mayoría de los países del mundo se ha incrementado hasta alcanzar su máximo nivel en 30 años, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La iniciativa de reducir la pobreza y el hambre en el mundo se encamina a un fracaso colectivo, afirmaron Organizaciones No Gubernamentales, después de conocer un informe publicado por el Banco Mundial que califica de asignatura pendiente el logro de las Metas de Desarrollo del Milenio (MDM) a las que se comprometieron en 2000 los gobiernos de 191 países. El BM puntualizó que la crisis alimentaria, energética y financiera, ha llevado a otros 64 millones de personas a la condición de pobreza extrema. Los centros de poder financiero estan nerviosos porque varios países se han alejado en algunas de sus transacciones del dólar, primero, y después del euro y estan adoptando negociaciones en sus propias monedas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), por su parte, señaló que la crisis económica mundial ha motivado un retroceso en el cumplimiento de las MDM.

De aquí a 2015 –año en que deberían cumplirse las MDM– es probable que aumenten en 1.200.000 las muertes de niños menores de cinco años por falta de alimento y atención.

Numerosos analistas e investigadores aseguran que la ONU no acaba de comprender lo difícil que será lograr esos resultados en un mundo donde impera una globalización neoliberal deshumanizada y de libre comercio que ha provocado una enorme asimetría entre ricos y pobres a nivel planetario.

Aumentan las diferencias entre ricos y pobres

En el caso de Italia, Japón, Corea del Sur y Reino Unido esta diferencia es de 10 a 1, mientras que en Israel, Turquía y Estados Unidos es de 14 a 1. En Chile y México supera la cifra de 25 veces a 1, y en Brasil es de 50 a 1.

La enorme globalización de la economía mundial impuesta en las últimas décadas por los países desarrollados y que demanda en primer lugar la privatización indiscriminada en todos los sectores, ha hecho crecer el número de personas pobres y a la par el núcleo de millonarios en el mundo.

Se hace necesario un Nuevo Orden Económico Mundial donde la mayoritaria población pobre alcance, al menos, cubrir las más imperiosas necesidades de la vida.

Fuente:

Rebelion

Fines de 2011: “El mundo ya ingresó en la segunda fase de la crisis”

Entrevista al economista francés Gérard Duménil

El economista francés Gérard Duménil es autor de varios libros y ensayos sobre el capitalismo contemporáneo. Este año publicó, en colaboración con Dominique Lévy, el libro The crisis of neoliberalism (Harvard University Press, 2011). Duménil estuvo en la Unicamp para una conferencia sobre la crisis actual en el Centro de Estudos Marxistas (Cemarx), en el marco del programa de pos-graduación en ciencia política del Instituto de Filosofía e Ciências Humanas (IFCH) de la Unicamp. En la ocasión, concedió la entrevista que sigue al politólogo Armando Boito Júnior, professor titular del IFCH.


Jornal da Unicamp – Usted viene investigando el capitalismo neoliberal hace mucho tiempo. En su análisis, ¿cómo se debe caracterizar la etapa actual del capitalismo?

Gérard Duménil – El neoliberalismo es la nueva etapa en la cual ingresó el capitalismo luego de la transición de los años 70 y 80. Con Dominique Lévy hablamos de un nuevo “orden social”. Con esa expresión nosotros designamos la nueva configuración de poderes relativos entre las clases sociales, dominaciones y compromisos. El neoliberalismo se caracteriza, de ese modo, por el refuerzo del poder de las clases capitalistas en alianza con la clase de los gerentes (cuadros), sobretodo las cúpulas de las jerarquías sociales y de los sectores financieros.

En el transcurso de los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, las clases capitalistas vieron disminuir su poder e ingresos en la mayoría de los países. Simplificando, podríamos hablar de la existencia de un orden “socialdemócrata” durante ese período. Las circunstancias creadas por la crisis de 1929, la Segunda Guerra Mundial y la fuerza internacional del movimiento obrero habían conducido al establecimiento de ese orden social relativamente favorable al desarrollo económico y a la mejoría de las condiciones de vida de las clases populares (obreros y empleados subalternos). El término “socialdemócrata” para caracterizar ese orden social se aplica, evidentemente, mejor a Europa que a los Estados Unidos.

Con el establecimiento del nuevo orden social neoliberal, el funcionamiento del capitalismo fue radicalmente transformado: una nueva disciplina fue impuesta a los trabajadores en materia de condiciones de trabajo, poder de compra, protección social, etc., además de la desregulación (fundamentalmente financiera), apertura de las fronteras comerciales y la libre movilidad de capitales en el plano internacional (libertad de invertir en el exterior). Esos dos últimos aspectos colocaron a todos los trabajadores del mundo en una situación de competencia entre sí, cualesquiera sean los niveles de salarios en los diferentes países.

En el plano de las relaciones internacionales, los primeros decenios de posguerra, todavía en el antiguo orden “socialdemócrata”, fueron marcados por prácticas imperialistas de los países centrales: en el plano económico, presión sobre los precios de las materias primas y exportación de capitales; en el plano político, corrupción, subversión y guerra. Con la llegada del neoliberalismo, las formas imperialistas fueron renovadas. Es difícil juzgar en términos de intensidad y hacer comparaciones. En términos económicos, la explosión de las inversiones directas en el extranjero en la década de 1990 ciertamente multiplicó el flujo de ganancias extraído de los países periféricos por las clases capitalistas del centro. El hecho de que los países de la periferia desearan recibir esas inversiones no cambia en nada la naturaleza imperialista de esas prácticas, se sabe que todos los trabajadores “desean” ser explotados a estar desempleados.

Cuando a mediados de los años 90, nosotros introducimos esa interpretación del neoliberalismo en términos de clase, ella suscitó poco interés. Luego, la explosión de las desigualdades sociales dio a esa interpretación la fuerza de la evidencia. La particularidad del análisis marxista es la referencia a las clases más que a los grupos sociales. Ese carácter de clase está inscripto en todas las prácticas neoliberales e incluso los keynesianos de izquierda se expresan, ahora, en esos términos. Cierta negativa a esta interpretación sin embargo, aún se mantiene; muchos no aceptan el papel importante que le atribuimos a los gerentes (cuadros) en el orden social neoliberal.

Entre los marxistas se continua rechazando que el control de los medios de producción en el capitalismo moderno es asegurado conjuntamente por las clases capitalistas y por la clase de los gerentes, lo que hace de ésta última un segundo componente de las clases superiores. Esa negativa es aún más desconcertante cuando se tiene en mente que los ingresos de las categorías superiores de los gerentes en el neoliberalismo aumentaron aún más que los ingresos de los capitalistas.


JU – Para algunos autores, el neoliberalismo fue un ajuste inevitable provocado por la crisis fiscal del Estado; para otros fue el resultado, también inevitable, de la globalización.

Gérard Duménil – La explicación del neoliberalismo por la “crisis fiscal” y frecuentemente también por la inflación es la explicación de la derecha; es una defensa de los intereses capitalistas. Ella especula con las inconsistencias de los bloques políticos que dirigían el orden social de posguerra. Estos bloques habrían sido incapaces de gestionar la crisis de los años 70 y entonces desembocamos en el neoliberalismo. Pasa lo mismo con la explicación que presenta al neoliberalismo como consecuencia de la globalización. Ese argumento invierte las causalidades. Lo que el neoliberalismo hace es orientar la globalización, una tendencia antigua, para nuevas direcciones y acelerar su curso, abriendo la vía para la “globalización neoliberal”. El movimiento altermundista luchó por otra globalización, solidaria, y no basada en la explotación en provecho de una minoría.


JU – Usted acaba de publicar, en conjunto con su colega Dominique Lévy, un libro sobre la crisis económica actual. Según su análisis, ¿cuál es la naturaleza de esta crisis?

Gérard Duménil – La crisis actual es una de las cuatro grandes crisis – crisis estructurales – que el capitalismo atravesó desde el final del siglo XIX: la crisis de la década de 1890, la crisis de 1929, la crisis de la década de 1970 y la crisis actual, iniciada en 2007/2008. Esas crisis son episodios de perturbación de una duración de cerca de una decena de años (al menos las tres primeras). Ellas ocurren con una periodicidad de cerca de 40 años y separan los órdenes sociales a los que me referí en la respuesta a la primera pregunta. La primera y la tercera de estas crisis, las de las décadas de 1890 y 1970, siguen a períodos de caída en la tasa de ganancia y pueden ser designadas como crisis de rentabilidad. Las otras dos crisis, la de 1929 y la actual, nosotros las designamos como “crisis de hegemonía financiera”. Son grandes explosiones que ocurren a partir de prácticas de las clases superiores que buscan el aumento de sus ingresos y sus poderes. Los dispositivos centrales del neoliberalismo están aquí en acción: desregulación financiera y globalización. El primer aspecto es evidente, pero la globalización fue también, como voy a indicar, un factor clave de la crisis actual.

Caída de la tasa de ganancia y explosión descontrolada de las prácticas de las clases capitalistas son dos grandes tipos de explicación de las grandes crisis en la obra de Marx. El primer tipo es bien conocido. En el Libro III del El Capital, Marx defiende la tesis de la necesidad del cambio tecnológico en el capitalismo, la dificultad de aumentar la productividad del trabajo sin realizar inversiones muy costosas, lo que Marx describe como “aumento de la composición orgánica del capital”.

Nótese que Marx refuta explícitamente que la caída de la tasa de ganancia se deba al aumento de la competencia (la segunda gran explicación para las crisis ya aparece esbozada en los escritos de Marx de la década de 1840.) En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx describe a las clases capitalistas como aprendices de brujo, las cuales desarrollan mecanismos capitalistas sobre formas y en grados peligrosos y pierden, finalmente, el control sobre las consecuencias de sus actos. Los aspectos financieros de la crisis actual remiten directamente a los análisis del “capital ficticio”, que Marx desarrolla largamente en el Libro II de El Capital y que ya estaban presentes de cierta forma en el propio Manifiesto. De una manera bien extraña, algunos marxistas sólo aceptan la explicación de las grandes crisis por la caída de la rentabilidad, excluyendo cualquier otra explicación.

Pero la crisis actual no es una simple crisis financiera. Es la crisis de un orden social insostenible, el neoliberalismo. Esta crisis, en el centro del sistema, debería acontecer de cualquier modo un día u otro, pero ella llegó de una manera bien particular en 2007/2008, en los Estados Unidos. Dos tipos de mecanismos convergieron. Encontramos, por un lado, la fragilidad inducida en todos los países neoliberales a raíz de las prácticas de financierización y de globalización (marcadamente financiera), motivada por la búsqueda desenfrenada de rendimientos crecientes por parte de las clases superiores y reforzada por la negativa a la regulación. El banco central de los EE.UU., en particular, perdió el control de las tasas de interés y la capacidad de conducir políticas macroeconómicas como resultado de la globalización financiera. Por otra parte, la crisis fue el efecto de la trayectoria económica estadounidense, una trayectoria de desequilibrios acumulativos, que los EE.UU. pueden mantener debido a su hegemonía internacional, contrariamente a Europa, que considerada en su conjunto, no conoce tales desequilibrios.

Desde 1980, el ritmo de acumulación de capital en los EE.UU. se desaceleró en su propio territorio a la vez que crecían las inversiones directas en el exterior. A esto es necesario sumarle: un déficit creciente de comercio exterior, un gran aumento del consumo (de parte de las sectores más favorecidos) y un endeudamiento igualmente creciente de las familias. El déficit de comercio exterior (el exceso de importaciones frente a las exportaciones) alimentaba un flujo de dólares para el resto del mundo que tenía como única utilización la compra de títulos estadounidenses, llevando al financiamiento de la economía norteamericana por parte de agentes extranjeros.

Por razones económicas que no explicaré aquí, el crecimiento de esa deuda externa debía ser compensado por aquella deuda interna, la de las familias y la del Estado, a fin de sostener la actividad en el territorio del país. Eso fue hecho alentando el endeudamiento de las familias por medio de la política crediticia y la desregulación. El endeudamiento del gobierno podría haber substituido al endeudamiento de las familias, pero eso iba contra las prácticas neoliberales anteriores a la crisis. Los acreedores de las familias (bancos y otros) no conservaron los créditos creados, los revendieron bajo la forma de títulos (obligaciones), de los cuales, aproximadamente la mitad, fue comprada por el resto del mundo.

De tanto prestar a las familias por encima de la capacidad de éstas de saldar sus deudas, los incumplimientos se multiplicaron desde inicios de 2006. La desvalorización de esos créditos desestabilizó el frágil edificio financiero, en los EE.UU. y en el mundo, sin que el banco central de los Estados Unidos estuviese en condiciones de restablecer los equilibrios en un contexto de desregulación y de globalización que el mismo había favorecido. Ese fue el factor desencadenante, pero no el fundamental de la crisis, combinación de factores financieros (la locura neoliberal en esa esfera) y reales (la globalización, el sobre-consumo estadounidense y su déficit de comercio exterior).


JU – Usted planteó en sus conferencias en Brasil que la crisis económica habría entrado en una segunda fase. ¿Cómo se viene desarrollando la crisis?

Gérard Duménil – El mundo ya ingresó en la segunda fase de la crisis. Es fácil comprender las razones. La primera fase alcanzó su pico en otoño de 2008, cuando cayeron las grandes instituciones financieras estadounidenses, comenzó la recesión y la crisis se propagó para el resto del mundo. Las lecciones de la crisis de 1929 fueron bien aprendidas. Los bancos centrales intervinieron masivamente para sostener las instituciones financieras (por miedo a una reiteración de la crisis bancaria de 1932) y los déficits presupuestarios de los Estados alcanzaron niveles excepcionales. Pero esas medidas keynesianas, estimulando la demanda, sólo podían lograr la sostenibilidad económica temporaria de la actividad. Los gobiernos de los países del centro todavía no tomaron conciencia del carácter estructural de la crisis. Ellos actúan como si la crisis fuese únicamente financiera y ya estuviese superada; mientras tanto, las medidas keynesianas sólo permitieron ganar tiempo. Ninguna medida antineoliberal seria fue tomada en los países del centro. Son apenas políticas que buscan reforzar la explotación de las clases populares.

En los Estados Unidos, la administración de Barack Obama elaboró una ley, la ley Dodd-Frank, para reglamentar las prácticas financieras, pero los republicanos bloquearon completamente su aplicación. En otras esferas, como gestión de empresas, exportaciones, déficit de comercio exterior, nada fue hecho. En Europa, la crisis no es identificada con la crisis del neoliberalismo. Alemania es presentada como la prueba de la solvencia del camino neoliberal. La crisis es imputada a la incapacidad de gestión de ciertos Estados, principalmente el griego y el portugués.

En todas partes, la derecha retomó la ofensiva. Ella se aferra a la cuestión de los déficits presupuestarios y la magnitud elevada de las deudas públicas. Finge no ver que la austeridad presupuestaria, además de representar una transferencia del peso de la deuda para las clases populares, no puede sino provocar la recaída en una nueva contracción de la actividad. Esta es la segunda fase de la crisis pero no la última. La nueva recaída recesiva hará necesario nuevas políticas. Contrariamente a Europa, los Estados Unidos se lanzan masivamente al financiamiento directo de la deuda pública por el banco central. Muy a pesar de la derecha, más medidas serían necesarias. Nosotros tenemos dificultades en ver como Europa podrá escapar de esto.


JU – Es sabido que la crisis económica afectó en mayor medida, por lo menos hasta ahora, a los EE.UU y Europa. En la década de los 90, por el contrario, las crisis económicas fueron más fuertes en la periferia. ¿Por qué esa diferencia? ¿Cómo la crisis actual se manifiesta en las diferentes regiones del globo?

Gérard Duménil – Hasta la segunda mitad de la década de 1990, el neoliberalismo produjo estragos en el mundo, principalmente en América Latina y en Asia. Mismo hoy, las tasas de crecimiento en América Latina permanecen inferiores a aquellas de los primeros decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y eso a pesar de la reducción masiva de los salarios reales, los cuales, en algunos países de la región, fueron reducidos a la mitad desde la crisis de 1970. En la década de 1990, y en 2001 en Argentina, el desarrollo del neoliberalismo provocó grandes crisis, de las cuales la crisis argentina es un ejemplo emblemático.

El mundo entró ahora en una fase nueva. La transición al neoliberalismo provocó una suerte de “divorcio” en los países del centro entre los intereses de las clases superiores y los del país como territorio económico. El caso de los EE.UU. es espectacular. Como decía, las grandes empresas de ese país invierten cada vez menos en su territorio y cada vez más en el resto del mundo. La globalización llevó a una deslocalización de la producción industrial para las periferias: Asia, América Latina e incluso algunos países del África Subsahariana.


JU – Las políticas propuestas por los dos grandes de la Unión Europea para superar la crisis repiten las fórmulas neoliberales. Los mercados intimidan los gobiernos; Sarkozy y Merkel exigen más y más recortes presupuestarios. ¿Por qué insisten en una política que, para muchos observadores, está en el origen de la crisis? ¿Qué resultado puede producir la aplicación de tales políticas?

Gérard Duménil – Yo de ninguna manera pienso que la falta de rigor presupuestario haya sido una de las causas de la crisis. Eso se la expresión de una creencia keynesiana ingenua, tan ingenua como la creencia en la capacidad de esas políticas para permitir la salida de la crisis sin tener en cuenta las necesarias transformaciones antineoliberales. Incluso, en este contexto, las políticas que buscan erradicar los déficit no impidieron una nueva caída en la producción.


JU – Muchos analistas han destacado que los partidos, sean de derecha o de izquierda, no se diferencian demasiado en sus propuestas para enfrentar la crisis. Además, en varios países europeos, como Inglaterra, España y Portugal, la derecha fue electoralmente favorecida por la crisis económica. ¿Los movimientos sociales podrían construir una alternativa de poder? ¿Cuál podría ser un programa popular para enfrentar la crisis actual?

Gérard Duménil – Aún no hemos hablado de los aspectos políticos del neoliberalismo. La alianza de la cúpula de las jerarquías sociales entre la clase capitalista y la de los gerentes (cuadros) logró, por diversos mecanismos, apartar a las clases populares de la política. Quiero decir: las apartó del juego de los partidos y los grupos de presión. Para las clases populares sólo quedó la lucha en la calle.

Es preciso hacer entrar en escena a los grupos sociales que se encuentran en la “periferia” de las clases de los gerentes (cuadros): los intelectuales y los políticos profesionales. En el compromiso social de pos Segunda Guerra, fracciones relativamente importantes de esos grupos eran partidarias de la alianza con las clases populares (a las cuales no pertenecían). En el contexto del colapso del movimiento obrero mundial, las clases capitalistas lograron, en el neoliberalismo, sellar una alianza con las clases de los gerentes, utilizando el recurso de la remuneración principalmente, conduciendo gradualmente esos grupos periféricos (la universidad aporta ejemplos ilustrativos sobre este fenómeno) en el emprendimiento de conquista social del neoliberalismo. La proporción de grupos sociales motivados por una alianza con las clases populares se redujo considerablemente, quedando reducida a algunos grupos de “iluminados”, grupos a los cuales yo mismo pertenezco.

El sufrimiento de las clases populares no llega al grupo de los gerentes y, en el plano político, ya no existe ningún gran partido de izquierda. En Francia, ya sabemos en lo que se convirtió el Partido Socialista, completamente ganado por la “globalización”, un término usado para ocultar el neoliberalismo. Algo semejante podríamos decir de los demócratas en los EE.UU. y dejo para ustedes juzgar la situación de Brasil al respecto.

La vida política se reduce a la alternancia entre dos partidos no equivalentes; pero el partido que se dice de izquierda es incapaz de proponer una alternativa, por no hablar de su capacidad para implementarla. El voto se reduce a aquello que nosotros en Francia llamamos “voto castigo”. La derecha sucede a la izquierda en España, por ejemplo, porque la izquierda estaba en el poder durante la crisis; la derecha no tiene, evidentemente, ninguna capacidad superior para gestionar la crisis.


JU – Muchos observadores han planteado la posibilidad de que el euro se extinga. ¿Usted cree que eso podría ocurrir? De acuerdo a su análisis, ¿cuáles serían los resultados más probables de la crisis actual?

Gérard Duménil – Es posible que algunos países salgan de la zona euro. Eso no resolverá el problema de sus deudas, la cual se tornaría impagable luego de la desvalorización de la nueva moneda sustituta del euro. El problema es el del cancelamiento de la deuda o de su adopción por el banco central. La crisis de la deuda afectó ahora los países del centro de Europa, será necesario que éstos tomen conciencia de la amplitud y de la verdadera naturaleza del problema.

Esto nos remite a las características de aquello que llamamos la “tercera fase de la crisis”. ¿Cuáles políticas serán adoptadas frente a la nueva recesión? ¿Cómo será digerida la crisis en Italia y luego en Francia? ¿Cómo Alemania responderá a la presión de los “mercados” (las instituciones financieras internacionales)? Una cosa sabemos: esas deudas no deben ser pagadas, lo que exige su transferencia fuera de los bancos o una fuerte intervención en su gestión.

Ahora, ¿el punto fundamental es la voluntad de los gobiernos de los países más poderosos de Europa, principalmente Alemania, de reforzar la integración europea (en vez de acabar con la zona euro), que se opone a la voluntad de “desglobalización” de algunos? Ese debate oculta la cuestión central: ¿Cuál Europa? ¿Una Europa de las clases superiores o la de un nuevo compromiso de izquierda?


Fuente: http://www.unicamp.br/unicamp/unicamp_hoje/ju/dezembro2011/ju516_pag67.php#

Gérard Duménil, economista marxista francés y miembro de ATTAC, es autor de varios libros y ensayos sobre el capitalismo contemporáneo. Esta año publicó, en colaboración con Dominique Lévy, el libro The crisis of neoliberalism (Harvard University Press, 2011).

Fuente:

Rebelion

El drama de los indigentes en Grecia: "Ahora proceden de la clase media"

Medio millón de personas ha perdido su empleo desde mediados de 2010. Cifra de personas “sin techo” ha aumentado un 25% en un año

Sábado 31 de diciembre de 2011

Crisis en Grecia
(Foto: Reuters)

(EFE). Georgios Markuris, un informático que trabaja en la Universidad de Atenas, nunca pensó que iba a llegar a ser uno de 20.000 griegos a los que la crisis ha privado de un hogar. Markukis, que también actuó como músico e incluso viajó a Latinoamérica para aprender música local, junto al conocido grupo boliviano Los Kjarkas, relata como llegó a esta situación de pobreza.

“Perdí mi trabajo y entré en una profunda depresión. Me convertí en otra persona. Perdí a mis amigos y mi familia. Hace tres meses, me encontré en la calle, sin hogar”, explica.

Desde que estalló la crisis de la deuda a mediados de 2010 y Grecia fue objeto de un plan de rescate de la UE y el FMI, a cambio de duras medidas de austeridad, cerca de medio millón de personas han perdido su empleo, decenas de miles de negocios han cerrado y el número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza ha aumentado drásticamente.

“UN PERFIL DISTINTO” DE LOS INDIGENTES
Pero uno de los rostros más duros de esta crisis es el de las personas sin hogar, un fenómeno antaño casi desconocido en Grecia pero que ahora es muy común en la capital.

En el último año, el número de personas “sin techo” ha aumentado un 25% y la mayoría tienen “un perfil totalmente distinto” al de antes, explica Olga Theodorikaku, coordinadora de la asociación humanitaria “Klimaka”.

“Proceden de la clase media. Hasta hace poco tenían un trabajo y una casa. Él único factor que los ha convertido en “sin techo” ha sido el desempleo”, dice. Markuris reconoce que él es un “afortunado”, ya que ha encontrado alojamiento en el centro de “Klimaka”, pero en todo el país solo existen 300 plazas, es decir, una para cada 67 personas sin hogar.

El problema tiene que ver, dice Spyros Psijas, exrrepresentante griego en la Federación Europea de Asociaciones de Ayuda a los “Sin Techo”, con que Grecia no reconoce a las personas sin hogar como un grupo en riesgo de exclusión social, lo que impide que existan políticas adecuadas para luchar contra el problema.

“Grecia carece de un verdadero Estado del Bienestar. Los parados reciben una ayuda de desempleo durante un año, pero después se quedan sin nada. Los trabajadores autónomos ni siquiera tienen derecho al paro”, explica Panos Tsakloglu, profesor de la Universidad de Economía y Negocios de Atenas.

“Hasta ahora era la familia la que evitaba que esta gente cayese en la pobreza. Pero ahora también esto está fallando”, añade.

ATENCIÓN MÉDICA URGENTE
La ONG Médicos del Mundo (MdM) dispone de cuatro centros en Grecia, y hasta el año pasado, parecía impensable que los paquetes que distribuye fuesen recibidos por la población local de un país que, desde 1981, forma parte de la Unión Europea, una de las regiones más prósperas del planeta. Pero ya no es así: si hace un año solo el 7% de los atendidos por MdM era griegos, ahora son más el 30%.

“Cuando una persona pierde su empleo en Grecia debe comenzar a pagar por los servicios médicos. Quizás se piense que el precio no es alto (5 euros por visita médica) pero si las familias dependen incluso de la caridad para comer, es mucho dinero”, cuenta Nikitas Kanakis, presidente de MdM Grecia.

Solo en Atenas, las organizaciones de caridad reparten unas 20.000 comidas diarias. Uno de esos lugares es el centro KYADA.

Unas 2.000 personas se agolpan en la fila, donde es fácil reconocer a los nuevos pobres. Sus ropas denotan su hasta hace poco pertenencia a la clase media y es patente que no se sienten cómodos en esas filas. La comida (un plato de guisantes junto a una rebanada de pan) se termina rápido y los que se han quedado sin comer avanzan con gesto resignado y se conforman con una bebida.

Psijas se queja de que el Estado está teniendo que ser reemplazado por las ONG: “Creo que los políticos no se dan cuenta de lo que se nos viene encima”.

“FÁCILMENTE REINTEGRABLES”
Theodorikaku considera que los nuevos sin techo son “fácilmente reintegrables” en la sociedad, puesto que son personas cualificadas y en edad productiva, pero solo si se actúa y se les ayuda.

“Si pasan más de un año en la calle, se acostumbran a ello y piensan que no hay ninguna salida.

Entonces las posibilidades de que puedan volver a una situación normal son muy escasas”, alerta.

El marinero Yorgos es uno de ellos. Hasta hace dos décadas trabajaba en la poderosa flota comercial griega. “Viajábamos por el Mediterráneo. España me gustaba mucho: Tarragona, Algeciras, Pasajes”, recuerda. Pero desde hace años vive en la calle, a merced de la intemperie, las drogas, la miseria. Da una calada a su pipa de heroína y se sumerge en el pesado y placentero sueño de sus recuerdos, tratando de olvidar lo que le rodea. Tarragona. Algeciras. Pasajes…

Fuente:

El Comercio